Aventuras·Viajes

Vacaciones en Serbia (Parte 1)

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Después de un largo tiempo trabajando sin parar, el día más soñado era el día de las vacaciones junto a mi novio. Programarlas no fue fácil, pues estando en el barco decidimos que sería yo quien cruzaría el charco con destino a Serbia.

A mediados de octubre empezamos los preparativos, pero al no tener una embajada de la República Serbia en Perú, tuve que contactar a la cónsul de ese país en Argentina vía e-mail.

Los requisitos para el visado serbio eran muy similares a otros visados como Schengen:

-Carta de invitación.

-Pago vía Western Unión por el trámite (US$ 85.00)

-Pasaporte válido.

-Pruebas de medios suficientes para solventar la estadía en Serbia.

-Formulario de visa de visitante.

-Foto pasaporte.

A fines de diciembre con todo listo, envié los documentos vía electrónica y recibí una respuesta muy grata. La embajada de Serbia en Buenos Aires había llamado a mi casa para comunicar que al poseer una visa americana con más de 4 años de vigencia, estaba exenta del trámite.

Para confirmar la noticia me contacté vía telefónica (desde el barco) con la cónsul y ella rectificó la información. Era una nueva norma y por lo tanto, no había nada en internet que confirmara esta excepción, pero sin duda me alegraba no tener que enviar mi pasaporte a Buenos Aires.

Ya aliviados, compramos el ticket. Saliendo de Lima yo tenía 2 escalas para ser precisos. Consulté vía online sobre si necesitaba visa Schegen para escalas  de menos de 24 horas y no hallé ninguna indicación.

Antes de partir

En Lima, mis primeros 10 días de descanso los repartí entre familia, amigos, comidas y horas en Skype.

El día 11 de febrero me acerqué a la plataforma de Copa Airlines para realizar mi check-in. Mi ruta era la siguiente:

Lima –>Amsterdam –> París –> Belgrado.

Señorita, usted no puede viajar.

-¿Cómo?

-Es que necesita visa Schengen para su escala en París.

-Pero si mi escala es de 2 horas y en el ticket indican que si la escala es de menos de 24…

-Es que son dos puntos Schengen. Usted queda exenta en Amsterdam, pero no en París.

En ese momento me decía, pero si soy el ser más despreocupado del planeta. Debí revisar, debí…, debí… Entonces, me dirigí al empleado de Copa que aún revisaba mi pasaporte.

-Necesito viajar hoy. ¿Hay alguna forma de lograrlo? ¿Puedes ayudarme?

En segundos el joven dejó su posición en el counter. Verificó con algunos compañeros la disponibilidad de otro vuelo. Poco después volvió y se dirigió a mí.

-Señorita, usted puede volar de Lima a Amsterdam y de Amsterdam a Belgrado (sin la escala en París), pero necesitará pagar una tasa.

Respiré. Saqué mi tarjeta de débito para pagar. Ni siquiera pregunté el monto. Estaba nerviosa y no dejaba de pensar en Marko esperándome en el aeropuerto.

Entre tanto, había que formar una nueva fila para pagar, los perros antidrogas se pasearon unas 10 veces junto a las maletas. Las policías nos observaban. Yo era un manojo de nervios porque pensaba en la hora. Yo había llegado poco antes de las seis de la tarde y ya eran más de ocho y media. Faltaba una hora para embarcar y yo seguía en la cola.

Una vez con el ticket en mano, corrí hacia la sala de embarque. Era ya la hora de abordar y no contaba con que el oficial de migraciones me preguntaría…

-Serbia… ¿dónde queda?

-Oh, es un país de Europa del este…

-…

-Es vecino de Bosnia, Montenegro…

-¿Para qué va allá?

-De vacaciones… a ver  a mi novio.

-Novio… ¿cómo?

-Trabajamos juntos…

-Dígame su dirección completa.

-Urbanización…

-Ahora el nombre de su papá y su profesión.

-Mi padre es… es policía, pero ya se retiró.

Así intentaba lucir yo... aunque por dentro me sentía como el segundo dibujo XD.
Así intentaba lucir yo… aunque por dentro me sentía como el segundo dibujo XD.

Como soy muy expresiva y estaba reharta de todo, traté de contener mis emociones y lucir  de lo más relajada.

Aunque el oficial no parecía muy convencido, me dijo: “adelante”, y emprendí carrera hasta la sala de embarque que estaba ya casi vacía.

Ya en el avión recuperé el aliento. Cerré los ojos para intentar dormir largo y profundo hasta llegar a Amsterdam.

Del otro lado del mundo

En Holanda mi escala fue de 18 horas. Sí, casi un día paseando por el aeropuerto. Leyendo, abriendo Facebook y Whatsapp innumerables veces para intentar no aburrirme.

Como tenía que dormir ahí, escogí uno de los sofás más confortables. Ya casi a medianoche, me percaté de la compañía. Pequeños y escurridizos, decenas de ratones salían de los rincones.

Al verlos, no conseguí dormir hasta las cuatro de la mañana. Cerraba los ojos intentando no pensar en los pericotes del primer mundo.

Me desperté en un par de horas cuando los primeros vuelos del día empezaron a llegar. Estaba contenta. “Falta poco”, me decía.

Caminaba, tomaba jugo, fotografiaba… tic, tac, tic, tac…

La escala parecía interminable y yo solo quería ver a Marko.

Cuando de pronto ya estaba en Belgrado. Allí solo hacía falta una última revisión. A la policía serbia le llamaba la atención que eligiera su país como destino de mis vacaciones. Luego, hablando con ellos les comenté que mi enamorado estaba afuera esperándome, información que confirmaron cuando abrieron mi billetera y vieron su fotografía:

-Oh! He is beautiful.- dijo la oficial.

Luego de contarles cómo nos conocimos y porqué estaba yo ahí, me dejaron ir.

Avancé hacia la salida y las puertas automáticas se abrieron de par en par. Marko estaba con una linda gata y unas flores en la mano. Lo miré, lo abracé, lo besé, y sentía que recorrer todos los kilómetros del mundo valía la pena. ¡Era hora de partir a Pozarevac!

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