Viajes

Capítulo 1: La partida.

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Esta fotografía la capturé a fines de marzo. Cuando la tomé me sentía perdida, estaba en Lima, pero perdida en mi propia ciudad. Hace muchos años caminaba con la sensación de estar desconectada de mi lugar y pensaba que era culpa de Lima.

Con los años, experimenté una especie de “giro” que hizo que me enamorara de este gris, del olor, del sabor, del color de las calles.

Vivir en una ciudad con 9 millones de habitantes es complejo, pero conozco mucha gente que vive en una ciudad y la desconoce por completo. Yo me siento feliz de haber encontrado pequeños “paraísos” en la mayoría de distritos de la capital.

Durante estos últimos años, para ser precisos desde inicios de 2011 hasta la fecha, me he mudado un aproximado de 8 u 9 veces. He vivido sola, convivido y compartido pisos con algunos amigos. Quizás, por esa sensación de ‘nomadeo’, de inestabilidad absoluta y andar cargando trastres cada dos por tres, es que decidí llamar a este blog como Diario Gitano.

Con más razón, ahora que parto de Lima a Sao Paulo. Me voy, pero la sensación respecto a Lima ha cambiado con los años. Siento que dejo un pedazo de tierra, que me ha sido difícil de amar y comprender (y a veces aún me pasa), pero me siento parte de ella, de su locura, de su gente, de su tráfico intenso y brutal…

Imposible no pensar en la familia y en los amigos. Falta poco para mi embarque y mi mente proyecta breves ráfagas de imágenes de los últimos meses. Están las cenas con los amigos, las reuniones familiares, los dientes de leche de mi sobrino, el nuevo color de pelo, la depresión, los libros nuevos, los ideales de ayer hoy y siempre, las frustraciones, los sueños, los bailes, las madrugadas, las lecturas feministas, las reuniones del festival de cine, la comida de mamá, los encuentros, los desencuentros, tú, yo, nosotros, el beso de despedida en la estación central.

Hasta pronto Lima 🙂

—>Si estás de venida: En Lima están pasando muchas cosas: hay gente moviendo el tema de cultura comunitaria, teatros en las calles, festivales de danza, talleres de cine, cine itinerante, músicos emprendedores buscando espacio (con ayuda y sin ayuda de las grandes industrias), promoción del consumo responsable de productos orgánicos, redes de periodistas, colectivos fotográficos…

Siempre hay algo que hacer y por colaborar  o desarrollar. A los que quieran venir, pues tienen una ciudad compleja, pero emocionante. Les recomendaría estar abiertos a nuevas formas de vivir su estadía saliéndose de lo que está establecido como “turístico”. Lima no es un cliché, no es un bar y cuatro calles.

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